Construido con Berta.me

  1. La primera lección que debe aprender quien quiera enfrentarse al gran reto que significa dibujar, es que ello nada tiene que ver con la simple idea de coger un lápiz y usarlo apropiadamente sobre una hoja de papel.

    Entonces recuerdo una primera clase de dibujo en la que el ejercicio era sencillo. Todos los estudiantes tenían que dibujar un cubo que posaba en frente. El resultado -a pesar de las distintas ubicaciones- fue exactamente el mismo. Lados iguales, proporciones idénticas, fugas inventadas. Es decir que cada uno parecía tener la idea “cubo” en su cabeza, pero ninguno se había tomado el trabajo de verlo realmente.  

    Justo ahí es cuando uno descubre, vuelvo y repito, que dibujar, más que poseer una habilidad técnica o motriz, significa tener la capacidad y paciencia para observar, ordenar, priorizar, clasificar y pensar. Y en ese sentido las imágenes aquí expuestas, delatan a una gran dibujante. Una persona que además ha encontrado en las listas de cosas, sean íntimas o públicas, de su casa o de la ciudad, el perfecto objeto de dibujo. Título que conscientemente le da vida a una nueva reflexión sobre lo que escogemos cuidar o no, sobre la elección de lo uno o lo otro y sobre la arbitrariedad de las decisiones que a veces tomamos en la vida.

    Dicho en palabras, empaques de tela blanca, con luces y sombras, hechos a la medida de una ciudad que a veces pareciera en ruinas. Insinuaciones de ciertos objetos esculturales cubiertos meticulosamente para evitar su posible deterioro. Estatuas, fuentes y esculturas que contradictoriamente, ahora que nadie las puede ver, saltan a la vista. Modelos perfectos de los cuales Lía tal vez no se hubiera percatado, de no ser por la desnudez de la Rebeca, que cuando quiso capturarla vestida, ya había perdido su ropaje.

    Daniel Salamanca

    Junio 2012